La presencia oculta

Destapó la cortina y fue hasta el salón, miró por la ventana. Esa ventana por la que había mirado otras tantas veces, pero hoy veía algo distinto, algo diferente a lo habitual. El viejo que siempre chismoteaba en la esquina, hoy está de pie, sonriente, mirando de un lado a otro. El bastón no era necesario para andar. Iba como un joven de 20 años. La pastelera que gruñía porque los niños le pegaban con la pelota en su fachada, hoy compartía dulces con ellos. Algo raro pasaba. De repente algo vio que le llamó la atención. Demasiado extraño. Sintió un impulso para ir hacia él. No se demoró más, salió por la misma ventana que observaba, ni si quiera quería perder tiempo en ir por la puerta. Avanzaba, el viejo reía, la pastelera reía, no sabía que pasaba, solo tenía el impulso de ir tras esa cosa extraña que le llamaba tanto la atención. No iba a perder tiempo en averiguar porque estas personas tan peculiares estaban de otro modo HOY. Solo seguía, y seguía. Tras cruzar la esquina pensó que lo había perdido, pero apareció tras el muro de la iglesia, era como si le estuviera esperando. Siguió, siguió y encontró a los niños de la escuela mirando embobados como si algo le ocurriera. Atravesó la escuela, la oficina de correos, llegó a una casa. Al entrar destapó la cortina, se encontró a una persona mirando por la ventana como el viejo de la esquina chismoteaba y la pastelera gruñía.

 

CMB